Los estudios muestran que las familias que cenan juntas experimentan una variedad de beneficios. Comer juntos ayuda a los niños a ampliar sus habilidades lingüísticas y les va mejor en la escuela. Los padres construyen una mejor comunicación y construyen relaciones más sólidas con sus hijos y los niños se adaptan mejor cuando son adolescentes y adultos. Y todos se benefician de una mejor nutrición.